Sí, hay vida más allá del invierno para las botas altas

Con minifalda, con jersey masculino, con vestido bohemio o incluso con camiseta (grunge)… Las botas más infinitas piden paso después del frío

Puede que en un primer momento parezcan excesivas y que bordeen peligrosamente la frontera entre lo sexy y lo demasiado sexy. Pero cuando ves que Karlie Kloss –que no es sospechosa de querer traspasar esa frontera en absoluto– las ha llevado prácticamente a todas horas en las últimas semanas de la moda, es fácil comprender que las botas altas, como casi todo, depende de cómo –y sobre todo, con qué– se lleven.

De cuero, de ante o de terciopelo; planas o con tacón de infarto; ajustadísimas o anchas… Da igual cuáles sean, pero es bastante probable que la ola de botas altas –entiéndase alta como ese abanico que abarca desde justo por debajo a justo por encima de la rodilla– también desembarcara en tu armario.

Sin embargo, y pese al apego que sienten por el frío, es posible adaptarlas más allá del invierno: son perfectas para ese extraño lapso de tiempo en el que quieres prescindir de las medias pero aún no te atreves del todo, pueden camuflar el afán exhibicionista de la minifalda más arriesgada y son la excusa perfecta para experimentar con prendas masculinas. Al final, después de todo, no era tan mala idea hacerse con unas. No lo decimos nosotras, lo dice Karlie Kloss.

Proponemos 13 trucos de estilismo –13 looks clave– con botas altas que demuestran que su hegemonía se extenderá hasta bien entrada la primavera.

Botas altas más vestido/jersey: sí, siempre es una buena idea. Elena Perminova lo hace y se rinde al beige para dejar que toda la intención del look recaiga en esas infinitas over-the-knee boots de ante.
Botas altas más vestido/jersey: sí, siempre es una buena idea. Elena Perminova lo hace y se rinde al beige para dejar que toda la intención del look recaiga en esas infinitas over-the-knee boots de ante.
Las botas no tienen por qué ser las protagonistas: prueba, mezcla y arriesga. A pesar de que no son –ni mucho menos– el calzado más discreto del mundo, es posible contrarrestar su magnetismo con prendas igual de carismáticas, como un poncho, una de las piezas clave de este invierno.   Eso sí, cuidado con la sobredosis.
Las botas no tienen por qué ser las protagonistas: prueba, mezcla y arriesga. A pesar de que no son –ni mucho menos– el calzado más discreto del mundo, es posible contrarrestar su magnetismo con prendas igual de carismáticas, como un poncho, una de las piezas clave de este invierno.
Eso sí, cuidado con la sobredosis.
Botas altas con vestido bohemio: puede que sea una pareja-cliché, pero qué importa si funciona. Y ésta lo hace –y de qué manera–. Si la meteorología acompañada y la brisa nos regala un buen momento cinematográfico, como el de la imagen, el éxito es la única opción.
Botas altas con vestido bohemio: puede que sea una pareja-cliché, pero qué importa si funciona. Y ésta lo hace –y de qué manera–. Si la meteorología acompañada y la brisa nos regala un buen momento cinematográfico, como el de la imagen, el éxito es la única opción.
En clave 60´s: si tienen tacón bajo, tus botas piden a gritos una interpretación sixties. Pero no es ningún problema: favorece, es cómoda y es una de las tendencias clave de la temporada.   A veces ocurre que la opción más obvia es también la ganadora.
En clave 60´s: si tienen tacón bajo, tus botas piden a gritos una interpretación sixties. Pero no es ningún problema: favorece, es cómoda y es una de las tendencias clave de la temporada.
A veces ocurre que la opción más obvia es también la ganadora.
Con un clásico básico: ¿y si combinamos unas botas altas inesperadas (con purpurina, por ejemplo) con una prenda legendaria y muy tradicional (pongamos un trench)?
Con un clásico básico: ¿y si combinamos unas botas altas inesperadas (con purpurina, por ejemplo) con una prenda legendaria y muy tradicional (pongamos un trench)?
De terciopelo más camiseta tie dye: hay quién piensa que las botas altas solo pueden ser sexies, pero esa afirmación no es en absoluto cierta. Las botas altas, como casi todas las prendas del mundo, son capaces de adaptarse al medio, sea cual sea, incluido el grunge. En terciopelo burdeos (el color y el tejido oficiales del movimiento) y con una camiseta californiana, las botas altas se convierten en la manera más inspiradora – y también la más sexy– de reeditar los 90´s.
De terciopelo más camiseta tie dye: hay quién piensa que las botas altas solo pueden ser sexies, pero esa afirmación no es en absoluto cierta. Las botas altas, como casi todas las prendas del mundo, son capaces de adaptarse al medio, sea cual sea, incluido el grunge. En terciopelo burdeos (el color y el tejido oficiales del movimiento) y con una camiseta californiana, las botas altas se convierten en la manera más inspiradora – y también la más sexy– de reeditar los 90´s.
Con denim, mucho denim: hay una ecuación estética que no falla. Cuando una de las prendas es demasiado sofisticada (como unas botas por encima de la rodilla de ante negro con tacón de aguja) hay que rebajar drásticamente el tono con piezas casuales. Y el denim es, de largo, el tejido casual por excelencia.   Eso sí, nada como un bolso icónico para que haga de hilo conductor entre uno y otro.
Con denim, mucho denim: hay una ecuación estética que no falla. Cuando una de las prendas es demasiado sofisticada (como unas botas por encima de la rodilla de ante negro con tacón de aguja) hay que rebajar drásticamente el tono con piezas casuales. Y el denim es, de largo, el tejido casual por excelencia.
Eso sí, nada como un bolso icónico para que haga de hilo conductor entre uno y otro.
Sin regalar ni un centímetro de piel: aunque las versiones más evidentes son aquellas que ven en las botas altas el camino más fácil (y el menos sufrido) para llevar minifalda y prescindir de las medias, la versión con falda o vestido por debajo de la rodilla también puede proporcionar looks para el recuerdo.   Importante: que no sean del mismo color para evitar el efecto óptico.
Sin regalar ni un centímetro de piel: aunque las versiones más evidentes son aquellas que ven en las botas altas el camino más fácil (y el menos sufrido) para llevar minifalda y prescindir de las medias, la versión con falda o vestido por debajo de la rodilla también puede proporcionar looks para el recuerdo.
Importante: que no sean del mismo color para evitar el efecto óptico.
Con un abrigo largo, muy largo: en la moda las proporciones importan. De ahí que el juego visual que producen unas botas altas con un abrigo largo sea de lo más evocador, además de restar obviedad al look.
Con un abrigo largo, muy largo: en la moda las proporciones importan. De ahí que el juego visual que producen unas botas altas con un abrigo largo sea de lo más evocador, además de restar obviedad al look.
Jugando a ser una (perfecta) francesita: beige, negro y rayas marineras. ¡Ah! Y un bolsito coqueto y un poco surrealista. Así visten –o deberían– las francesas que todas queremos ser.
Jugando a ser una (perfecta) francesita: beige, negro y rayas marineras. ¡Ah! Y un bolsito coqueto y un poco surrealista. Así visten –o deberían– las francesas que todas queremos ser.
Asalto al armario masculino: haz la prueba con un jersey XXL o con una camisa celeste. Infalible. Es la manera más sugerente (y también la más fácil) de interpretar una prenda masculina.
Asalto al armario masculino: haz la prueba con un jersey XXL o con una camisa celeste. Infalible. Es la manera más sugerente (y también la más fácil) de interpretar una prenda masculina.
Botas con color: porque hay vida más allá del negro y del beige y porque hay colores, como el rojo vibrante, que disparan la imaginación e incitan a los sentidos.
Botas con color: porque hay vida más allá del negro y del beige y porque hay colores, como el rojo vibrante, que disparan la imaginación e incitan a los sentidos.
Las botas altas como instrumento para explorar nuevas posibilidades del lady: con un abriguito estricto de tweed ribeteado que (¡oh!) al andar deja entrever unos shorts cortísimos. Y, de fondo, unas botas bicolor como privilegiadas testigos del encuentro.
Las botas altas como instrumento para explorar nuevas posibilidades del lady: con un abriguito estricto de tweed ribeteado que (¡oh!) al andar deja entrever unos shorts cortísimos. Y, de fondo, unas botas bicolor como privilegiadas testigos del encuentro.
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Iván Álvarez Domínguez