¿Los diseñadores de zapatos 3D serán los nuevos artesanos del futuro?

A finales de abril les contábamos que Rem D Koolhaas, fundador de la marca de zapatos hi-tec United Nude, invitó a 5 pesos pesados del diseño – de la talla de Ben van Berkel, Fernando Romero, Michael Young, Ross Lovegrove y Zaha Hadid -, a explorar todo el potencial de la tecnología de las impresoras 3D diseñando cada uno de ellos un par de zapatos fabricados en nylon y goma que resultasen funcionales y de calidad. La idea de Koolhaas era la de fabricar luego 50 unidades de cada uno de estos prototipos que se venderían con el sello de United Nude. El resultado de esta acción fue una colección a la que llamó Re-Inventig Shoes.

El verdadero desafío de este reto consistía en crear unos zapatos que explorasen las nuevas posibilidades de las impresoras 3D en términos tecnológicos sin olvidar el diseño para que garantizasen el confort y la sujeción del pie teniendo en cuenta su ergonomía y su dinámica. Teóricamente, la tecnología de las impresoras 3D parecía que iba a permitir a estos diseñadores mostrarse más creativos al no tener que verse sujetos a las restricciones y limitaciones de la producción.

  
United Nude llegó a una joint-venture con la empresa 3D Systems que puso a disposición de esta acción toda su tecnología y sus impresoras 3D. Lamentablemente, la experiencia demostró que no resultaba nada práctico fabricar un zapato sólo con impresoras 3D, y que los precios resultaban tan elevados que impedían que se pudiesen aplicar para la producción en masa. Para que nos entendamos mejor, cada uno de estos prototipos ha costado la friolera de 6.000 dólares el par. ¡Imagínense  la cantidad de pares de zapatos que se podrían haber fabricado con ese presupuesto!

Como el resultado de estos prototipos de zapatos sacados fuera de contexto parecían auténticas obras escultóricas, Rem D Koolhaas optó por aprovechar el Fuorisalone de Milán para presentar su Re-Inventing Shoes Collection en sociedad.

  
3D o no 3D, esa es la cuestión

En opinión de Scott Duann de Spark Autodesk – plataforma de código abierto de impresión 3D de auto desk (compañía de software que produce Autocad, el standart en diseño asistido por ordenador) -, pretender fabricar zapatos de principio a fin en impresoras 3D es algo que no tiene ningún sentido, ya que producir en masa un zapato de forma tradicional sólo cuesta unos cuantos dólares, mientras que hacerlo en 3D dispara los costes aunque sólo sea por los materiales y el tiempo que se requiere para hacerlo.

Lo realmente interesante es aprovecharse de la fuerza de esta tecnología, de su habilidad a la hora de personalizar, e imprimir solo las partes que de verdad se beneficien de ello. Una lección que Keegan Schouwenburg, fundadora de la marca Sols, aprendió en primera persona cuando su empresa, que está especializada en realizar plantillas ortopédicas, quiso hacerlas en 3D incluyéndolas en las suelas de sus zapatos. Los prototipos resultantes demostraron no estar a la altura en términos de durabilidad y de elasticidad. Tan pronto como los pusieron a prueba, la gente empezó a quejarse y a preguntar dónde estaban el cuero, la espuma o el gel, todos esos materiales que la gente asocia con la comodidad.

  
Aunque nos parezca tecnología de última generación, la impresión en 3D comenzó a principios de los años 80. Aún a día de hoy, cada fabricante crea y patenta las sustancias que utiliza para alimentar a sus impresoras 3D. Con esto protegen el uso exclusivo de su tecnología y materiales durante 20 años lo que, inevitablemente, infla los precios.

Un ejemplo que vas a entender muy bien: Si un plástico ABS, que es un material que se utiliza para el modelado por inyección, cuesta unos 5 dólares por kilo, cuando se transforma en bobinas de filamento – que es lo que requieren las impresoras 3D – puede llegar a alcanzar desde los 30 dólares por kilo hasta lo 90 dólares por cartucho. Las impresoras 3D también se han abaratado mucho. Hoy es posible adquirir una impresora 3D doméstica por 1.000 euros, sólo que con éstas no se puede hacer las maravillas que vemos en las películas de ciencia ficción; y las impresoras 3D profesionales son carísimas.

  
La cuestión es que si United Nude no ha podido enfrentarse a este reto fabricando zapatos con impresoras 3D a un precio que esté al alcance de la mayoría, ¿quién puede hacerlo? ¿Qué paso hay que dar para alcanzar el objetivo de la producción en masa a precios competitivos?

La nueva pareja de hecho: Diseñador de moda y diseñador 3D

La respuesta parece estar en el software dirigido a la industria de la moda para crear e imprimir prendas en 3D. La arquitectura, el diseño de producto, y la industria cinematrográfica son quienes más utilizan los programas de 3D, mientras que los diseñadores de moda tienen fama de haber hackeado antiguos programas de software que se utilizaban para el fresado acuciados por la necesidad.

Cuando se le preguntó a Rem D Koolhaas por qué no había elegido a ningún diseñador de moda para formar parte del dream team de la Re-Inventing Shoes Collection comentó que los diseñadores de moda normalmente no trabajan en 3D de forma avanzada, que suelen recurrir a la ayuda de los arquitectos y a la animación por ordenador para poder llevar a cabo sus creaciones.

A lo mejor la solución es tan simple como poner a trabajar juntos a un experto en diseño 3D con un diseñador de moda. ¡Quién sabe, a lo mejor el expertise de los diseñadores en 3D los convierte en los nuevos maestros artesanos! Si se piensa bien, trabajan a partir de un diseño, y han de calibrar constantemente sus impresoras para poder centrarse en los detalles. Comparados con los artesanos de antaño, tampoco hay tanta diferencia, ¿no os parece? Lo único que cambian son las herramientas.

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Iván Álvarez Domínguez